10 de abril de 2013

Conocimiento, pensamiento crítico y el precio de no saber.

La semana pasada tocaron a mi puerta dos mujeres Testigos de Jehová. Tengo la extraña costumbre de ser amable con ellos u otros misioneros de diversas religiones que me abordan. Los saludo, los dejo exponer el motivo de su visita y después los despido amablemente.

Sin embargo, la mayoría del tiempo, dichas personas no están en esa misma disposición de respeto, mutuo entendimiento y apertura que yo, así que un "No estoy interesada, gracias", muchas veces lleva a otras preguntas y declaraciones agresivo-pasivas que, cuando tengo el tiempo y el ánimo, no me gusta dejar sin contestar. No porque intente convencer a esas personas, que es casi imposible (y lo sé yo que siendo creyente ningún ateo me convenció de dejar de creer), sino porque me da una excelente oportunidad de probar mis argumentos e ideas y generalmente me quedo reflexionando sobre sus respuestas.

Después de que decidí conversar más extensamente con ellas, rápidamente encaminé la plática hacia la ciencia, porque sé que es un tema en el que se sienten incómodos y muchas veces se ofenden o asustan tanto que cortan la plática; pero al parecer esta vez hablaba con una persona con más experiencia en este tipo de confrontaciones ("Tengo 30 años viviendo en la verdad") así que me aventé su diatriba de creacionismo vs ciencia llena de lugares comunes. Al final obviamente se cansó de mis respuestas estoicas cada que decía algo que no pude dejar pasar por alto, aunque la mayor parte del tiempo estuve escuchando sin contestar, y terminamos "amablemente" la conversación.

Luego de su visita me quedé analizando todo lo que ella dijo (realmente solamente una de ellas hablaba, la otra solo hacía comentarios al margen). No tanto en sus argumentos teológicos, sino en los argumentos que dejaban ver su visión, conocimiento y relación con la ciencia.

Durante gran parte de la conversación pude escuchar decenas de frases que los creacionistas repiten una y otra vez, a pesar de que las respuestas a tales cuestiones son relativamente conocidas o que demuestran una ignorancia sobre la definición de diversos conceptos científicos, como "Y si venimos de los monos, ¿porqué todavía hay monos?", "¿Cómo algo tan complejo como el ojo humano pude surgir al azar?" o el que más espanto me causó, que fue el darme cuenta que para ella el Big Bang, la abiogénesis1 y la evolución eran exactamente la misma cosa.2


¿Cómo entablas una discusión sobre porqué la creencia creacionista cristiana es equivocada y la evolución una verdad científica cuando la persona con la que dialogas ni siquiera conoce la definición real de evolución?

Muchos de sus argumentos o el conocimiento en el que basaba dichos argumentos, no era producto de una introspección y análisis personal de la información que ha llegado a su cerebro o de una búsqueda como tal, sino la repetición de frases trilladas que se pueden encontrar en los panfletos, libros y revistas de varias religiones y que se esparcen sin ser cuestionadas o siquiera entendidas.

Mi principal molestia no es que las personas religiosas decidan creer en lo que enseña su religión en vez de lo que la evidencia científica y la razón nos demuestran del funcionamiento del mundo, sino que en muchos casos no tengan la oportunidad de decidir, porque en primer lugar nunca tuvieron acceso al conocimiento científico.

No hablo nada más de una deficiencia del sistema educativo, que esa no es un secreto que la hay. Sino del poco interés de las personas, como individuos, familias y sociedad en la ciencia. Es un ciclo que se retroalimenta: el sistema educativo no se esmera en la enseñanza de la ciencia porque a la gente no le interesa y a la sociedad no le interesa la ciencia porque el sistema educativo con sus métodos mediocres de enseñanza mata el interés científico con el que nacemos3.

Pero dejemos un poco de lado el hecho de que ella no sabía unas cuantas (muchas) cosas. El famoso astrónomo y divulgador científico Carl Sagan definía ciencia "más [como] una determinada manera de pensar que como un cuerpo de conocimientos4. Determinado conocimiento se puede tener o se puede ignorar dependiendo de factores muchas veces externos o que no están disponibles para todos (tiempo, educación académica, acceso a fuentes confiables, etc); pero el deseo de aprender, el criterio que forma el contraste de información, la costumbre de verificar fuentes y comprobar dentro de lo posible la información que nos llega, eso tiene que ver más que todo con una disponibilidad y apertura mental.

Nuevamente, "no se trata de una falta de inteligencia, [ya que esta] existe en dosis abundantes, lo que escasea es un adiestramiento sistemático para pensar críticamente"5. Nuestro cerebro en, en cierta medida, como un músculo. Si no lo acostumbramos a trabajar continuamente (analizando, cuestionando, formulando y buscando información) se queda en un estado de hibernación en la que solo absorbemos datos (imágenes, sonidos, ideas), pero no las analizamos.

La inmensa mayoría de las creencias religiosas o no-científicas exigen ese estado de entumecimiento cerebral e incluso desalientan o reprueban el pensamiento racional y crítico. En la tradición judeo-cristiana, el fruto prohibido que comieron Adán y Eva provenía del árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo. Algunas creencias orientales piden al creyente que abandone todo razonamiento voluntario y busque un estado de vacío mental ("poner la mente en blanco") para alcanzar estados de éxtasis o iluminación. Muchas ramas de la pseudociencia o corrientes espirituales modernas ven la duda, el inquirir, el cuestionar y en general, el escepticismo como una debilidad moral ("falta de fe", "ceguera espiritual") en vez de como un estado natural de los seres pensantes que somos como especie.

Y aquí encontramos otro ciclo que se retroalimenta: la gente no tiene conocimiento científico porque no es enseñada a pensar críticamente, a hacer preguntas y a cuestionar las respuestas a ellas y a la vez, sin ese conocimiento básico conceptos complejos o que van en contra de la experiencia intuitiva diaria, como la física cuántica, por poner un ejemplo, parecen tan mágicos e inexplicables como decir "Dios lo hizo" y se vuelve difícil adoptar un acercamiento escéptico del mundo.

Es en ese hueco que deja la ausencia de una educación apropiada donde hallan su nido las explicaciones dogmáticas de la religión y las promesas vacías de la pseudociencia y los charlatanes.

Si bien para muchas personas el conocimiento en sí, el placer de encontrar una respuesta, es un fin en sí mismo, la ciencia tiene infinidad de aplicaciones en nuestra vida diaria que repercuten en nuestro acontecer cotidiano. Entonces pasa que "vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas."6

Aunque así la dibuje la televisión y los estereotipos sociales, la ciencia no se trata de tipos chiflados en batas tratando de descubrir el Universo just for the lulz mientras viven alejados de todo lo demás. La investigación científica y la tecnología influyen en nuestra sociedad en cada uno de sus aspectos: desde lo ínfimo y banal (como los aparatos que nos brindan entretenimiento), hasta el alimento y recursos en los cuales sustentamos nuestra supervivencia, así como los poderosos artefactos que podrían borrarnos de la faz de la Tierra...todo se mueve gracias a la ciencia.

La ciencia es un método, un medio, determinado conocimiento puede ser usado con fines benéficos o con fines destructivos: la falta no está en el conocimiento, sino en el uso que se le da. Pero, ¿cómo vamos, como ciudadanos, a vigilar el uso que se le da al conocimiento científico si para empezar no lo entendemos?, ¿como podemos evitar posibles usos nocivos de la ciencia, sin detener los avances benéficos de la misma si no sabemos distinguir entre un peligro real (como una bomba atómica) o charlatanerías conspiranoicas (como la paranoia anti-vacunas)?, ¿estamos dispuestos a arriesgarnos a no saber?
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1.- Abiogénesis.-Se refiere al estudio del origen de la vida a partir de materia inorgánica. Es un tema que ha generado en la comunidad científica un campo de estudio especializado cuyo objetivo es dilucidar cómo y cuándo surgió la vida en la Tierra.
2.-  No es tan raro que la gente confunda el origen de la vida con la evolución, pero nunca había escuchado que también se confundiera con el Big Bang. Recordemos que la teoría del Big Bang explica cómo se originó nuestro universo, la abiogénesis como comenzó la vida en la Tierra y la evolución el cambio de las especies a través del tiempo desde un antepasado común. Son teorías independientes una de otra, por ejemplo: independientemente de que la vida se originara por un creador, por células provenientes del espacio o de materia inanimada terrestre, aún así, la evolución es cierta; si se prueba que el origen del universo es otro que la Gran Explosión, aún así, la vida pudo comenzar en la Tierra de la forma que explica la abiogénesis y de ahí evolucionar, etc.
3.- "Nacemos científicos" Michio Kaku sobre la deficiente educación científica que brinda nuestra sociedad en entrevista para Anengineeringmind
4.-(1979) ¿Podemos conocer el Universo? Reflexiones sobre un grano de sal. En El cerebro de Broca. Reflexiones sobre el apasionante mundo de la ciencia  (p 29). México, Distrito Federal: Editorial Grijalbo (1984).
5.-(1979) Sonámbulos y traficantes de misterios:sentido y sinsentido de las fronteras de la ciencia. En El cerebro de Broca. Reflexiones sobre el apasionante mundo de la ciencia  (p77). México, Distrito Federal: Editorial Grijalbo (1984).
6.-"Por qué necesitamos entender la cienciaen The Skeptical Inquirer Vol. 14, Número 3, (1990) [Leer artículo en sección de Recursos]

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