7 de febrero de 2013

5 de 50+ libros al año: «Madame Bovary» de Gustave Flaubert

Todos tenemos nuestra lista de “clásicos imperdibles” que por una u otra razón sí nos hemos perdido. También es común tener nuestros “libros tabú” que es como yo llamo a esos libros que siempre queremos leer y ya a punto de comenzar a hacerlo se nos atraviesa algún otro título que en dicho momento nos apetece más.

Uno de los libros que tenía en ambas listas es Madame Bovary, la famosa novela de Gustave Flaubert: clásico de la literatura francesa y según muchos una de las mejores novelas jamás escritas.

A diferencia de algunos clásicos universalmente reconocidos que pueden llegar a ser decepcionantes (¿me estás oyendo, Hemingway?), Madame Bovary cumple las expectativas que genera.

Tenía rato que una novela no me causaba sensaciones tan fuertes y genuinas: desde que comencé a leerla cada personaje me fue causando una impresión y hubo veces en que poco me faltaba para jalarme el cabello de desesperación. Por supuesto, no lo digo como algo malo, sino como prueba de la pluma magistral de Flaubert.

Para los que no conozcan la historia (lo cual dudo, digo, yo no la había leído y sabía de qué va y cómo termina), la trama es esta:
Una joven y hermosa mujer, Emma, se casa con un médico de origen rural. Al poco tiempo, la pareja acude a una fiesta de alta sociedad y la protagonista se descubre insatisfecha con la vida que lleva. Desencantada, rechaza la monotonía de su existencia y anhela otra guiada tanto por la pasión y el amor verdaderos como por la importancia del estatus social. Tras embarazarse de su esposo, Emma comienza una serie de amoríos que no consiguen sino desalentarla más en su búsqueda.
Emma me parece un personaje muy plano, pero muy, muy bien escrito, sé que suena contradictorio, pero así me hizo sentir. Desde el momento que empiezan a describirla, su infancia, sus pensamientos, su vida… me daba la sensación de ya saber cómo iba a pasar todo, y no precisamente porque conociera la historia, sino porque su forma de ser es muy predecible, pero creo que esa es parte de la magia del personaje y ayuda a creer una especie de desesperación en el lector: un deseo de abofetear a Emma que dan ganas de poder sacarla del papel y hacerla entrar en razón.


La novela fue escrita en 1856, así que el lenguaje, vida y descripciones son acordes a la época (conviene tener un diccionario a la mano para quien no esté familiarizado con algunos términos) y vaya que Flaubert se explayó con el realismo y detalle que le da a la mayoría de sus descripciones (vestimenta, comida, utensilios y maneras). Yo soy amante de esas clases de descripciones, así que para mí fue un punto extra, pero sé de personas que no son muy aficionadas a ese nivel de detalle y de hecho es una de las críticas que más hacen los detractores de Flaubert.

De igual manera, hay quien necesita tener un protagonista hacia el cual sentir empatía y cariño para que le guste un libro, y Flaubert la verdad dificultó mucho que el lector se identifique con Emma. Más que cómplices de sus andanzas, da más la sensación de que somos sus vigilantes y confesores no voluntarios.

De hecho, no son pocos quienes ven en el desarrollo del personaje de la señora de Bovary tintes misóginos de parte del autor, pero eso ya lo decidirá el lector. A mi parecer no es necesariamente cierto y esto lo digo porque ningún personaje, repito: ningún personaje me causo simpatía total. Por supuestos, todos -incluida Emma- tienen sus momentos en que casi me reconciliaba con ellos, pero en general me parecieron una panda de humanos patéticos.

Y, de nuevo, esto realmente me parece que es algo bueno. El que Flaubert haya creado personajes tan completos y reales que lo hacen a uno hablar de ellos como si de verdad existieran es algo que muchos autores se matan por hacer pero nunca logran.

Aquí quiero agregar algo que en lo personal me desagradó mucho de mi edición, pero que en sí no está para nada relacionado con el trabajo de Flaubert. Mi copia es de la editorial Espasa Calpe (Colección Austral) en re-impresión para Ediciones Gandhi, traducida y editada por Juan Bravo Castillo y es de esas ediciones con introducción de más de 50 páginas y muchísimas y explícitas notas al pie de página. Normalmente no estoy en contra de las notas, pero las de esta edición son completamente intelectualoides y aparte irrespetuosas de la trama (adelantan muchas cosas antes de que pasen).

Claro, Madame Bovary es una obra que se presta para muchas clases de estudios y acercamientos de estudiosos de la literatura, pero si uno quisiera leerlos va y los consulta independientemente. Creo que esto es particularmente molesto en una obra como la de Flaubert, de quien se sabe que era un obseso de encontrar la palabra, cadencia y ritmo perfectos, cosas que se pierden con las notas (hay al menos dos ocasiones en que adelantan cosas sumamente importantes de la trama y que le quitan toda la intención y fuerza que se iba a acumulando antes de ese punto). Mi problema no es tanto con las notas explicativas del contexto o significados, sino las que se enfocan en el estudio de la obra en sus símbolos o adelantan partes de la trama.

Quitando el asunto de las notas a pie de página es un libro que me encantó leer (en un sentido masoquista, quizá). Es uno de esos libros tan bien escritos que nos acercan a los personajes casi como si fueran seres reales y nos despiertan toda clase de sensaciones intensas hacia ellos y la historia que viven.

La misma universalidad de la novela hace que sea sumamente conseguirla en toda clase de presentaciones y precios (desde presentaciones económicas hasta ediciones de lujo o colección) así como que sea fácil encontrarla en toda librería que sea digna del nombre.

Tal y como la describen cientos y cientos de reseñas, comentarios, estudios y críticas que lo alaban, Madame Bovary (que tiene más de un siglo y medio de vida) es un libro digno de trascender a través de los tiempos como parte del legado literario universal. Este sí, un clásico imperdible.

[Leído del 27 de enero al 2 de febrero]

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