18 de enero de 2013

3 de 50+ libros al año: «Sed de amor» de Yukio Mishima

Me declaro ignorante en cuanto a literatura japonesa se refiere. Realmente no hay una razón en específico por la cual no haya leído prácticamente nada de autores japoneses, simplemente estoy poco familiarizada con la tradición literaria del “país del sol naciente”.

Mishima me lo recomendó (con bastantes elogios) una amiga que considero lectora de muy buenos títulos, así que, en un arranque de no sé, y sin haberlo leído, compré tres libros de él. Sed de amor es el primer título del autor que leo; la buena noticia es que no me decepcionó y no compré en balde los otros dos libros (Confesiones de una máscara y Nieve de primavera) así que cualquier día de estos me los aviento.

Después de terminarla me quedé reflexionando sobre di desconocimiento sobre literatura japonesa, así que este año procuraré leer al menos uno o dos títulos de autores de Japón...pero, volviendo a Sed de amor: la historia del libro me gustó bastante. Es la siguiente, tal cual la resume la contraportada: 
Novela urdida en torno a la pasión y la destrucción, narra la historia de Etsuko, quien, viuda, ha de trasladarse a la finca de su suegro Yakichi, ante cuya autoridad natural como cabeza de familia se plegará para acabar manteniendo una relación sexual dominada por la sumisión, aunque es de Saburo, un joven e ingenuo sirviente, de quien se enamora perdidamente. Mishima (1925-1970) aborda una de sus primeras exploraciones en torno a asuntos recurrentes en su obra, como el amor y el odio, el deseo y los celos, así como el veneno que instilan en las relaciones humanas la obsesión y la frustración.
Es una novela dividida en cinco capítulos, escrita en un estilo notoriamente poético, cargado de imágenes literarias hermosas y profundas. Más que de acción, la narrativa de Mishima es emotiva, interna, psicológica. Curiosamente, ese estilo personal lo logra aún como narrador omnisciente, huyendo del clásico recurso de la primera persona que muchos utilizan para alcanzar ese mismo efecto. 

La novela gira casi por completo alrededor de los sentimientos del personaje principal, Estuko, los cuales se nos presentan en carne viva: nos se nos suaviza o edita su inestabilidad y carencia de sentido, al grado que a veces es un poco difícil comprenderla (al personaje, no a la novela) y por tanto la relación lector-personaje más que de empatía es de presencia.

Etsuko es un personaje bastante difícil de seguir y que a veces no terminamos de entender, pero creo que eso la dota de una profundidad que literariamente es muy interesante. Como mencioné anteriormente: no es un personaje al que se le tenga empatía –al menos no como un personaje completo-, principalmente porque sus emociones (o las acciones que estoy provocan) pueden ser difíciles de interpretar. Me viene a la mente su propio sentimiento de estar “escrita en un alfabeto que los demás no saben leer”.

A pesar de eso, la novela está llena de que están notablemente bien escritos y que evocan una respuesta emocional en el lector, algunas veces de repudio, otras de tristeza y algunas otras pocas de identificación, pero eso sí, fuertes todas.

El estilo tan recargadamente emocional, sobre todo este donde Mishima se adhiere al caos interno del personaje, puede fácilmente convertirse en algo errático y cansado, pero me parece que el japonés lo maneja de una manera excelente y mantiene la novela interesante y coherente (en el sentido narrativo, que no emocional) hasta el final.

Quizá se deba a mi inexperiencia dentro de la literatura japonesa, pero algo que también me pareció interesante de Sed de amor, es que a Mishima parece importarle poco si el lector está relacionado con las costumbres y cultura japonesa, sino que la expone tal cual, por lo que algunos términos (referentes a vestimenta, calzado, plantas, hogar…) a los lectores occidentales pueden sernos completamente desconocidos.

Supongo que para algunos eso puede ser un inconveniente, pero a mí pareció algo que dota a la novela de una personalidad única y natural y que me agradó bastante. Aún cuando tuve que buscar referencias del significado de varios de esos términos no me pareció una molestia que no valiera la pena o que me provocara querer abandonar la lectura.

En conclusión, es una novela que me gustó bastante (aunque esperaré a leer al menos otro título del autor antes de declararme “mishimiana”) principalmente por la manera emocional en que está escrita, lo cual es algo que, bien logrado, me gusta mucho leer y por las referencias culturales no neutrales u occidentalizadas que la colman.

Mi ejemplar lo conseguí en una sucursal de Librerías Gandhi, pero se consiguen fácilmente tanto este como otros títulos de Mishima (y libros sobre su obra y vida) en varias librerías, aunque eso sí, a precios muy dispares dependiendo de la edición y presentación o el lugar donde lo compren (Confesiones de una máscara lo conseguí muy barato en una librería de usados). Muy recomendable.

[Leído del 12 al 17 de enero]

3 comentarios:

  1. Probare, agradezco el espacio. Me agrada. Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Yo sólo he leído cuentos de Mishima, pero con mucho gusto me pondré a leer sus novelas, ese estilo intimista y poético lo tiene siempre. Para mí fue toda una agradable sorpresa. Yo sí me declaro Mishimana porque la impresión que me causó internamente fue única y porque pocas veces encuentras un estilo que combine (sin adornos ni mamadas) la poesía con la prosa de una manera tan perfecta.

    ResponderEliminar

Blog abierto a comentarios anónimos, aunque se tiene en alta estima el comentario del usuario identificado. Comentarios contrarios o críticas no serán eliminados a menos que contengan insultos, apología del odio o agresión.