30 de octubre de 2012

Volviendo al viejo buen hábito de leer.

Una parte de los libros que tengo en casa
Siempre me ha gustado leer (bueno, al menos desde que sé hacerlo); recuerdo siendo niña escuchar reclamos o comentarios preocupados porque casi siempre prefería leer a jugar con otros niños o a ver la tele o a jugar con X juguete.

Aún en ese entonces sentía que no había comparación entre lo lejos que podía llegar, las personas que podía conocer o las cosas que podía aprender leyendo y las cosas que podía hacer realmente. Por supuesto, algunos días escogía salir y jugar con mis juguetes “normales” o con otros niños, pero casi siempre, lo que elegía sin dudar eran los libros.

Con el paso de los años, el desarrollo de mi habilidades sociales y las responsabilidades que conlleva crecer (escuela, trabajo, familia…) me he dado cuenta que si bien mi gusto por la lectura no ha disminuido, sí lo ha hecho la facilidad con la que decido postergar la lectura en pos de otras cosas.

Creo que vivimos a un ritmo de vida y con una mentalidad en la que una actividad solitaria y de ensimismamiento, como es la lectura, no es bienvenida. Podemos ver televisión o películas con los amigos, podemos ir a museos o exposiciones de arte acompañados, pero leer es una actividad de una persona. Uno puede (o algunos pueden) hacer ciertas otras cosas mientras, por ejemplo ven películas o escuchan música, como doblar ropa, comer, hacer ejercicio… pero leer es una actividad absorbente que excluye la posibilidad de la multitarea.

A veces siento que nadie ni nada quiere que leas. Aquí no estoy hablando de los comentarios de personas incultas como “Ay, pero porqué lees si es tan aburrido” o “Ya estás de anti-social con tus libros de nuevo”, no, me refiero a que el ritmo de vida y las opciones de esparcimiento son tantas y en su mayoría menos demandantes que leer, de manera que si uno no tiene la fuerza de voluntad o se distrae fácilmente, se puede pasar meses “queriendo leer” y no pudiendo.

Como ya comenté, siento que hasta hace muy poco había descuidado lo que para mí antes era un aspecto que definía gran parte de mí, es decir la lectura. Los últimos 2 años mi ritmo de lectura bajó muchísimo por distintos aspectos, desde problemas personales hasta flojera, y me había estado costando muchísimo volver al buen viejo hábito.

De leer 50 o más libros al año desde los 12, pasé a leer entre 10 y 15 en 2011 y 2012, incluso a pesar de que durante un periodo en estos años trabajé por tercera vez en una librería. Y lo poco que leía pasó a reflejarse en que también bajó bastante la cantidad y calidad de lo que escribía (incluso abandoné mi antiguo blog)

Y no es precisamente por la cantidad de libros que uno lee, que al final es solamente una cifra y no dice nada: no tiene la misma cultura quien lee 50 libros basura en un año que la que lee 10 libros buenos en el mismo tiempo, sino que la apatía o flojera que me invadía me provocaba tardarme semanas con un libro, aún cuando me este me gustara y al terminar de leer algún libro no me nacía la urgencia de comenzar uno nuevo.

Desde el mes pasado me he propuesto volver a mi antiguo y buen ritmo de lectura, principalmente porque me he dado cuenta que sí me ha afectado en otras áreas de mi vida (como la disposición que tengo para escribir o hacer otras actividades creativas) y en general porque me siento avergonzada conmigo misma al reconocer en mí las mismas excusas patéticas de gente a la que realmente no le gusta leer “Es que tengo otras cosas que hacer”, “Es que no tengo tiempo” y demás.

Claro que decirlo es más fácil que hacerlo e inmediatamente al comenzar a ponerlo en práctica me di cuenta que una de las principales cosas que debo vigilar es el uso que le doy a Internet; la red es algo tan vasto e inmenso que siempre va a haber algo que ver, escuchar, revisar…desde lo superfluo hasta lo verdaderamente educativo e interesante (soy de las pocas personas que sí utilizan Internet para aprender cosas y hacer cosas productivas, no nada más para pasar el rato).

Entonces, hay dos cosas específicas que estoy haciendo para cumplir mi propósito: 1.-he reducido la cantidad de tiempo que invierto en banalidades en la red (cracked.com, 9gag, memebase, adiosito; también reduje la cantidad de TV que veo) y 2.- para propósitos de auto-presión llevo registro estricto de lo que leo al mes: mi diario de lectura, que hago público para que me de pena no cumplir mi propósito.

Ya por terminar octubre y con todo el mes poniendo en práctica estos dos puntos, he superado mi propósito de leer cuatro libros al mes (quizá porque uno de los que leí era muy cortito, así que me dió días para terminar un quinto) y realmente me siento muy bien. Lo que me lleva a darme cuenta que no es que me haya dejado de gustar leer, ¡sino que soy una floja!, pero no más.

Como anécdota, el primer libro que leí ya estando consciente de que necesitaba (esa es la palabra) volver a leer tanto como antes fue Fahrenheit 451, y no fue planeado, me dí cuenta de la bofetada inconsciente ya habiéndolo comenzado.

En fin, si alguno de ustedes está lidiando con algo parecido a esa flojera que dejé que me dominara por casi dos años (o cualquier otra situación que no les deje leer), sepan que no cuesta mucho volver a hacerlo; si nunca han sido lectores asiduos que pena me dan, no se pierdan la oportunidad de hacerlo: no se arrepentirán.

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