29 de agosto de 2012

La masculinidad prestada

Smother
Durante casi toda mi vida, la inmensa mayoría de mis amigos, conocidos y personas frecuentes han sido hombres. Esa simpatía me ha ayudado a nunca caer en los extremos intolerantes de algunas ramas del “feminismo” (así, entre comillas) y, de hecho, muchos de mis pensamientos van hacia ellos y las luchas que la sociedad hetero-sexista les impone.

Siempre he dicho que el sexismo nos afecta a todos: de maneras distintas y de formas más o menos evidentes o urgentes (un golpe es más urgente que un insulto, una violación más evidente que la discriminación, etc), pero a todos se nos carga con estándares, estereotipos y roles que cumplir sin tomar en cuenta que no todos queremos o podemos encajar en ellos. 

En la práctica, esto se traduce en los siglos de discriminación y vilipendio hacia el "género débil" (así como a cualquier persona que no cumpla el dúo varón/heterosexual), pero no es sino hasta ahora, con todos los avances en materia de equidad de género que nos damos cuenta que –si bien pueden no ser tan evidentes o urgentes (en el sentido de bienestar físico)- también hay una carga y una imposición sobre muchos hombres.

Una de las principales formas en que el sexismo afecta a muchos hombres (sobre todo aquellos que no se sienten cómodos siguiendo el rol machista) es la idea de que su identidad masculina no es algo intrínseco a ellos, sino algo que tienen prestado.

La feminidad es algo supuestamente inherente a cada ser con vagina, senos y cromosomas XX. Cuando una persona nacida mujer (en el sentido génico/físico) no se siente “femenina” o no acepta vivir sus vida de acuerdo a los roles asignados a ese género, las personas a su alrededor comienzan a criticarla e instarla a “vestirse más como la mujer que es”, a “aprender a ser mujer”. De hecho, la mayoría de los ataques físicos y violaciones a personas de este tipo (personas transexuales FtM*, lesbianas y mujeres que no expresan su género de manera convencional –conocidas como machorras, marimachas y demás términos insultantes -) se hacen para “demostrarte que sí eres mujer”, “para que se te quite lo machorra/lesbiana”. Sin importar si sientes que el género o rol femenino no te corresponde o que no te sientes atraído hacia el género masculino “como las mujeres deberían”, la sociedad intentará forzarte a vivir “como mujer”, porque la sociedad piensa que para el género femenino su biología es su destino.

Trust (Self portrait I)
Para el género masculino se da el caso contrario: sin importar que una persona haya nacido hombre (en el sentido génico/físico) y se identifique como tal la sociedad siempre actuará como que su masculinidad no le pertenece, sino que le ha sido prestada y está sujeta a muchas condiciones. Además de ser e identificarse como hombre, una persona debe demostrar su hombría; si no la demuestra o comente algún error, su certificado de masculinidad le será revocado. Si un hombre comente el grandísimo error de actuar de manera femenina (por mínimo que sea), ser no-heterosexual o si su biología no concuerda con su identidad masculina, pierde el derecho a ser considerado un hombre.

La cultura hetero-sexista en que vivimos discrimina a todo aquél que no sea hombre demostrado y certificado (no femenino, obligatoriamente heterosexual).Cualquier contacto con algo “femenino” (delicado, sentimental, referente a ropa, maquillaje, hijos…) mancha tu masculinidad. Cualquier cosa que no sea una relación romántica/sexual con una mujer te quita el derecho a ser hombre. En palabras de Gwen Sharp (Doctora en sociología de la Universidad de Nevada):
«a pesar de que la feminidad es retratada como debilidad, la socavación de la fortaleza, la masculinidad es tan frágil que aparentemente incluso el mínimo roce con lo femenino la destruye.»
De esta manera, el diario vivir de un hombre está marcado por la lista de las cosas que debe de hacer para “ser” hombre y las que no puede hacer para no “dejar” de ser considerado uno. La masculinidad de los individuos que se identifican como hombres siempre, siempre está en duda. La sociedad obliga a los hombres a cada día tener que demostrar que son hombres “de verdad”: que son fuertes, que son heterosexuales, que son capaces, resistentes, dominantes y valientes. Y pobre de aquél diablo que falle en el intento.

Gran parte de esta conducta social se basa en el supuesto de que ser mujer o cualquier cosa distinta a hombre/heterosexual es malo e indeseable. Un hombre debe actuar (actuar es la palabra clave) como hombre, no solamente para demostrar que es hombre, sino porque no quiere ser considerado mujer u homosexual. La mayor parte de los insultos y ataques hacia un hombre se basan en este condicionamiento de la masculinidad: “hasta pareces vieja”, “ya empezaste a jotear” “eres una nena” y parecidos. Y es precisamente por eso que la lucha contra el sexismo no solamente beneficia a las mujeres, sino a todos.

The Bachannal
Esta mentalidad social siempre ha sido bastante evidente para mí, y bastante molesta también, porque creo 1) que la masculinidad es algo intrínseco a cualquiera que se defina como hombre y 2) que no hay nada malo o vergonzoso en no ser hombre. Comencé a meditar mucho en este tema y en mi mente se volvió algo completamente real, no solo ideología, por una experiencia que tuve hace muy poco con mi pareja:

Él es un hombre de aspecto masculino (barba, abundante vello corporal, voz grave…), pero que se siente cómodo realizando tareas que no son consideradas masculinas, como ser cariñoso con nuestras mascotas, gustar de las flores del jardín y cocinar. Ni yo ni él vemos absolutamente nada malo con eso, al contrario, así que puede decirse que vive en un ambiente bastante libre de presión por demostrar su masculinidad.

Recientemente tomó un curso de efectos especiales enfocado en maquillaje de horror/fantástico y al verlo practicar yo le sugerí que para muchas de las cosas que hacía podía utilizar también maquillaje “normal”, así que varias veces al estar en centros comerciales compramos cosas como bases líquidas y polvos faciales para este propósito. En una de nuestras caminatas encontramos una tienda especializada en maquillaje “para chicas” y le sugerí que entráramos, lo cual le pareció bien; pero una vez estando dentro pude notar que comenzó a sentirse incómodo (cabe aclarar que era el único hombre dentro del establecimiento) al preguntar por el precio de las cosas o disponibilidad de productos (me pedía que lo hiciera yo).

Después de un rato salimos de allí y más tarde en casa platicamos al respecto; me sorprendió ver como incluso para muchos hombres que no tienen un pensamiento machista y de manera general luchan con esta forma de pensar a veces puede ser difícil librarse al 100% de esta forma en que nos enseñan a actuar desde pequeños. Al final llegamos a la conclusión de que la experiencia no fue algo relevante para la forma como yo lo veo o el mismo se ve, pero nos sirvió para analizar el tema.

The silence consumes every move
Es interesante ponerse a pensar: si un hombre que no vive con el constante temor de que su pareja y familia pongan en duda a cada paso su masculinidad puede llegar a sentirse así en determinados momentos, no puedo imaginarme la enorme presión que tienen que soportar algunas personas que viven en ambientes más hostiles (familia, escuela, trabajo) donde la sociedad tiende a cuestionar su hombría a diario.

Sinceramente creo que todos, pero especialmente los hombres, necesitamos tomarnos un descanso permanente de este tipo de mentalidad. Me gusta este fragmento de Cliff Pervocracy, al respecto:


«Si eres una persona que se identifica como hombre, entonces eres hombre. La masculinidad no es algo que puedas perder accidentalmente o por hacer algo de manera equivocada. Tu masculinidad no es algo que alguien pueda quitarte Ser hombre no es un reconocimiento que te puede ser arrebatado si te olvidas de caminar por la vida como un hombre “de verdad”. Tu masculinidad es tuya y está a salvo, así que puedes relajarte.»
La masculinidad es la esencia de la persona que se identifica como hombre y no tiene nada que ver con la forma como se expresa, sus gustos y sobre todo, no tiene nada que ver con su orientación sexual. Si tú te consideras hombre, eres hombre y por ende masculino.

Puedes vestirte de rosa y si te consideras hombre, entonces eres hombre. Puedes usar maquillaje, faldas, o cualquier otra cosa que esté relacionado con el género femenino y si te consideras hombre, entonces eres hombre. Puedes sentirte atraído a personas de tu mismo sexo y si te consideras hombre, eres hombre. Puedes tener una vagina y si te consideras un hombre, entonces eres un hombre. Si tú te consideras un hombre, no hay nada, ni nadie que pueda quitarte tu masculinidad (y esto puede significar lo que sea que tu quieras para ti).

Todos los hombres son hombres de verdad. Así que eso: tomen su tarjeta de chequeo diario del estado de su masculinidad y rómpanla. A dónde vamos no la necesitan.
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[Todas las imágenes, obra de Andrew Salgado]

5 comentarios:

  1. Traes muchisimo mas en el morral que muchos colegas mediocres que me rodean. Gracias por escribir.

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    1. Ya decía yo que por algo me dolía la espalda ;) Muchas gracias por leer y comentar, Mario.

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  2. Me encanta todo lo que dices y la forma en que escribes, creo que me estoy enamorando de tu blog!

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  3. Hola Edith, creo qut tú no me conoces, realmente no tienes porque hacerlo, sin embargo he llegado a leer tus blogs un par de veces (por medio de david, en un tiempo "zombiecat"). Sin duda este es uno de tus posts que más me han movido, y quisiera comentarte que estoy completamente de acuerdo. En esta sociedad, donde generalmente nos fijamos en la represión a la mujer, la violencia que vivimos día a día las féminas desde muy niñas, casi nunca nos ponemos a pensar y reflexionar que a veces es más duro esa clase de violencia silenciosa y auto infligida que viven los hombres, teniendo miedo día a día a carecer de su masculinidad o que les sea arrebatada sin mas ni mas por haber hecho algo "no digno" de un hombre. Cabe mencionar que son comportamientos y falsas creencias que hemos venido cargando como sociedad desde hace ya algún tiempo, y que es hora de que se empiece a disolver esa clase de distinciones que no llevan a nada más que a la restricción de un ser verdaderamente libre. Antes que nada somos seres humanos y debemos ser tratados como tales, hombre, mujer, homosexual, qué más da, todos somos seres.
    Gracias por compartir esta reflexión.

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